jueves, 15 de julio de 2010

Esa niña

Mi madre se ha vuelto niña y desaparezco en el viento.
No soy óvulo ni goce atrás todavía.
Como en un gastado filme
la veo jugar con muñecas, reír sola,
andar descalza sobre las baldosas del patio,
perfumar el aire con vestidos
y con aquella música
de las esclavas de oro.

Es una foto; no es una foto.

Es una vieja niña que ahueca la cama;
que se hunde en el recuerdo del primer rostro
de su primer hijo.
En una extensa sinfonía de Mozart
que hoy es líquido azul en su cabeza.

Se hunde.
Se hunde la niña se hunde.
Se hunde la que será, la que es
mi madre se hunde
y el viento empuja la ventana.

Yo
soy el viento.

El viento que viene a besar a la niña.

A cantar con ella
la canción más triste.

3 comentarios:

José W. Legaspi dijo...

Verlo, leerlo, es un impacto... pero escuchártelo fue inmenso...
¡Muy bueno, master!

Profundistas dijo...

increíble, aún se hace poesía religiosa...


Si vuestra joroba se gestará hacia el Caos.., pero no.


Colectivo Profundista.

XAVIER DUARTE ARTIGAS dijo...

Ínsitos estamos en el fractal, mi querido roberto genta dorado. Salimos de un fragmento o nos hundimos en la fragmentación de ese fragmento. Para mí esta poesía, tan emocionante, historia este capítulo de las bifurcaciones (en el tiempo y en el espacio), laberintos que son +,
mucho + que nuestro entendimiento y comprensión.
Desde http://xavier.lacoctelera.net
un abrazo de xavier